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Hacia nuevas instituciones democráticas

Hacia nuevas instituciones democráticas

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Martes, 22 marzo 2016
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Diferencia, sostenimiento de la vida y políticas públicas | Presentación

En el Estado español, el campo de lo político está experimentando una gran transformación cuyo origen más inmediato hay que situarlo en el 15M. Quizá el grito más emblemático y ampliamente compartido lanzado por esta insurrección, el de “no nos representan“, ha servido para trazar en tan solo tres años el vertiginoso camino que va desde la denuncia popular masiva del gobierno de la deuda y las políticas de recortes, al germen de la organización de nuevas fuerzas políticas que apuntan a convertir en leyes los deseos expresados en las calles. Pero este salto, tan necesario como aparentemente acelerado, desata también importantes desafíos. Entre ellos, nada menos que el de la reinvención de esa anhelada nueva política.

Porque si “ellos” no nos representan, entonces, ¿quién? ¿Nadie? ¿De verdad podemos dar por superada la idea de la representatividad en esa nueva democracia? ¿Y no es acaso la legitimación política basada en el poder de representación uno de los campos de batalla estratégicos en la confrontación política actual? ¿No es acaso en la impugnación y en la apelación a la representación, donde los sujetos tradicionalmente excluidos encontramos uno de nuestros asideros más importantes para cuestionar los poderes establecidos (“lo llaman democracia y no lo es”)? Entonces, ¿qué implicaciones concretas tiene que seguir anudando el discurso y la acción políticas a la idea de representación, tal y como la conocemos?

En estos atropellados tiempos donde una anunciada debacle del sistema político –y económico– vigente parece determinar una agenda donde lo primero es ocupar posiciones y lo segundo parece ir de soi –los procesos de politización social masivos, su papel en el andamiaje de nuevos lazos sociales o en la canalización liberadora de la angustia que acucia a los sujetos más devastados–, es hacia ese salto, al de la organización y la enunciación del discurso político, hacia donde queremos dirigir nuestro foco de atención. Y esto no porque dudemos de la importancia indiscutible de ese tomar posiciones –ya que si algo significa la crisis de la representación es, precisamente, una crisis de la confianza ciega en una élite política en tanto autoridad que sabe, decide y ejecuta por el resto–, sino porque llegado el momento de tomar las riendas, creemos importante identificar y explicitar colectivamente cuáles son esos rasgos que marcan la diferencia –o el más de lo mismo– en la política.

Así pues, retomando el testigo de las críticas provenientes de mayo del 68 y de la década de 1970 en relación con la representación política, hoy, igual que entonces, se visibiliza la falsa neutralidad del sujeto político. A la luz de las últimas grandes movilizaciones sociales, la política ahora sí se asume como cosa de todas y todos, como cosa de un nuevo sujeto político múltiple, poblado de pluralidad y de singularidades. Por todas partes se expresa también una fuerte aspiración a reducir las intermediaciones entre la capacidad de decidir de la ciudadanía y las decisiones que finalmente determinan el modelo de sociedad que compartimos. Pero además hoy, y a diferencia de entonces, existe una determinación entre los movimientos sociales de traducir esas otras maneras en instituciones que perduren en el tiempo y sean capaces de materializar de manera eficaz los derechos y las políticas públicas que garantizan las propias condiciones de su autorrealización democrática.

Sin embargo, cuando llega la hora de dar este paso, la ansiedad en la enunciación de un discurso político emancipador conduce al recurso indiscriminado a categorías estereotipadas, en un ejercicio que finalmente se vuelve contra sus propios enunciadores en tanto que este tipo de categorías son fácilmente reapropiables, perdiéndose la base de la alegada legitimación. Nuestra propuesta descansaría no en invalidar la posibilidad de apelar a cualquier categoría –desempleado, mujer, migrante, precariado, joven mileurista, etc. en la exigencia de listas electorales paritarias, por ejemplo–, sino en que más allá de asumir de manera crítica su uso estratégico, podamos empezar a nombrar los rasgos de una nueva política a la medida de ese sujeto múltiple, polifónico. Y a reconocerla en voces, formas organizativas y políticas públicas que sean ya su digno y visible correlato.

Digamos que hay una guerra de legitimación abierta. ¿Quién puede hablar en nombre de la calle, del sentido común, de las víctimas de la violencia de género, de la infancia desnutrida? ¿Quién se hará con el discurso más auténtico? Pero no podemos dejar pasar que esta disputa es también el reconocimiento de una posición de fuerza para estas mismas categorías –tan escurridizas como reales– en una crisis de la política, de lo político, del discurso político, y de la legitimidad para hablar y hacer en nombre de los demás.

Sr. X presenta: Coloquios Históricos, Hoy: Nietzsche y Marx (fuera del trabajo...)

Más Información:

Este libro reúne las ponencias de las Jornadas “Hacia nuevas instituciones democráticas. De la crisis al asalto de la política” organizadas en abril de 2015 por la Fundación de los Comunes, en colaboración con Intermediae y gracias al apoyo de la Foundation for Arts Iniciatives (FfAI).

Foto de Cabecera: Juan Aguilar

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