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La rebelión de las músicas raras

La rebelión de las músicas raras

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Sábado, 07 mayo 2016
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En España y desde hace años, esto de la música experimental ha tendido a ser llamado música rara por sus practicantes, una variación en el término que tiene más miga que la simple pirueta lingüística

 

El pasado mes de abril comenzaron en el Medialab Prado de Madrid una serie de conciertos de música experimental organizados por el GRS (Grupo de Resistencia Sonora). En España y desde hace años, esto de la música experimental ha tendido a ser llamado música rara por sus practicantes, una variación en el término que tiene más miga que la simple pirueta lingüística. De hecho, en los últimos meses, se están produciendo sucesos en torno a esas músicas raras que tienden a suponer un cierto cambio, sobre todo de talante, respecto a las músicas experimentales tradicionales.

El GRS se ha formado como un colectivo de la escena en Madrid, sobre todo músicos como Javier Piñango o Juan Antonio Nieto, por mencionar solo dos nombres con una larga trayectoria también organizativa. El plan es realizar tres conciertos los próximos tres meses incluidos en los llamados AVLAB, una de las iniciativas sonoras pioneras del Medialab que en realidad nunca se ha desarrollado como otras vías de trabajo de la institución, muy prestigiada internacionalmente en el ámbito de este tipo de nuevos laboratorios que estudian aplicaciones no inmediatamente comerciales, más bien con espíritu anticomercial, de las nuevas tecnologías.

No es que en Madrid no haya lugares como Cruce o Espacio Naranjo y otros donde se realizan, incluso con cierta regularidad, conciertos de este tipo y desde hace tiempo. Incluso ha habido festivales como el Experimenta Club que llevaban la idea en el nombre cuando este aún no había mutado. Sencillamente, hace falta más estabilidad y visibilidad. Con todo, lo más interesante es que desde hace alrededor de un año y en gran medida debido al trabajo autogestionario de diferentes músicos y con un alto de grado de ayuda mutua entre otros muchos, los conciertos y sesiones de Músicas Raras de carácter fijo están menudeando por todas partes.

Escena heterogénea y transgeneracional

 

Se trata en general de espacios pequeños y poco subvencionados (si es que lo son de alguna manera), pero que están generando una actividad notable. La cual, además de en la abundancia de músicos, se basa en los net-labels o sellos tradicionales dedicados a estas historias y en el aprovechamiento de las redes, sociales o no, para difundir su actividad. Algo que permite no solo una presencia continua, sino también generar un sentimiento de comunidad. Resultando que muchas iniciativas funcionan y aunque a duras penas, se autosostienen.

Otra cosa notable es lo heterogéneo y transgeneracional de esa escena. Hay veteranos como el ya mencionado Piñango, pero también gente de mediana edad como el músico granadino-almeriense Antonio I. Guillén, que aparte de una asombrosa actividad propia ha asentado (de nuevo junto a otros) la Morada Sónica en Almería. También hay gente en la treintena como Edu Comelles, que desde Valencia ha empezado a programar conciertos en el Espai de Castellón, que ha realizado en la misma Valencia Off_Herzios y estos días una programación especial para el tradicionalísimo Ensems de la ciudad.

Son solo unos pocos ejemplos, porque hay mucho más. En Valencia, una ciudad especialmente activa se ha reabierto Plutón, un espacio artístico privado que mantiene una programación periódica de lo más interesante; Limbo en Córdoba, cosas en La Térmica y otras localizaciones en Málaga… Todo esto sin contar con ciclos o festivales ya asentados como Zeppelín o Música 13 que monta en Barcelona José Manuel Berenguer, las Nits D’aielo del valenciano Llorenç Barber. Además de innumerables talleres por todas partes y que tienen reflejo público como los programados por José Luis Espejo para el Reina Sofía o Kamen Nedev, cuyas actividades en lo alternativo se extienden también a lo docente.

Raro no, diferente

 

Otro factor en esta escena, donde junto a diferentes grupos de edad se dan aproximaciones que van desde la improvisación a lo sintetizado, de lo digital a la grabación de campo o de lo ruidista a lo ambiental, es la interrelación. Por lo general en cada lugar no hay tantísimos artistas trabajando en esos terrenos, pero en conjunto son más que suficientes como para permitir programaciones variadas y que no parezcan grupos autofágicos donde los mismos se escuchan a sí mismos. Hay núcleos de actividad en Murcia, Sevilla, Euskadi, Gijón, Vigo… Y todos ellos mantienen contacto.

Esto, tampoco hay que pretender otra cosa, es minoritario. Y lo seguirá siendo, simplemente porque no hay muchas mayorías en música, aunque algunas minorías tengan una vocación más masiva que otras. Pero eso no quiere decir que las músicas raras sean ni inaudibles ni desagradables. De hecho ya desde los 60 este tipo de música ha tenido éxitos incluso de ventas como el Silver Apples of the Moon de Morton Subotnik o el Oh! Superman de Laurie Anderson. Y en la era post-listas, un disco como Endless Summer de Fennesz vendió en su momento más de 50.000 copias.

Pero lo raro es raro, incluso aunque pueda ser agradable o excitante. Lo que tratan de hacer todas estas iniciativas, todos estos artistas, es algo muy simple que las academias llevan olvidando décadas: la voluntad de comunicar(se).

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