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Las acciones micropolíticas como respuesta a un problema

Las acciones micropolíticas como respuesta a un problema

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Domingo, 29 mayo 2016
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Extracto de: Manual del ciberactivista. Teoría y práctica de las acciones micropolíticas. Javier de la Cueva

 

En el año 1912 Moisei Ostrogorski señalaba que la solución que se dio al primer problema de la democracia, el problema de “cómo organizar la acción política para fomentar en los ciudadanos acciones espontáneas e irregulares, para estimular las energías individuales sin dejar que se adormezcan” (2008, 38), fue la de canalizar esas energías a través de los partidos políticos. Ostrogorski consideraba que la solución alcanzada no fue la adecuada ya que los partidos suponían la continuación de las concepciones teológicas y eclesiásticas, siendo “los principios o el programa del partido […] una fe investida como la de la Iglesia, de la sanción de ortodoxia y heterodoxia. La adhesión debía ser integral: nadie podía separarse del credo del partido en punto alguno más de lo que se puede elegir entre los dogmas de una religión” (2008, 30). Un partido político desarrollaba un programa ómnibus que englobaba todo el credo debido y todo el saber posible necesario para la acción de gobierno de tal manera que no estar en favor de su credo suponía ser un hereje.

Las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Hoy en día, los programas electorales de los partidos políticos siguen cumpliendo la descripción realizada hace cien años por Ostrogorski de existir una opinión ómnibus que todo lo alcanza, lo que además se refuerza por la continua opinión de los diferentes portavoces de cada partido político quienes, como todólogos, intentan aparecer continuamente en los medios de comunicación social. Es evidente la falta de lógica de esta omnisciencia: un partido político no puede saberlo todo, lo que se logra disimular recurriendo al hooliganismo de las emociones. Se es de un partido político como se es de un equipo de fútbol, lo que también fue anunciado por Ostrogorski, para quien los partidos actúan preferentemente sobre los sentimientos: “para que funcionara un régimen supuestamente basado en la razón, se actuó lo menos posible sobre las inteligencias”. (2008, 32).
La solución que Ostrogorski propugnaba para resolver este problema era la sustitución de los partidos por otro tipo de organizaciones:
El partido entendido como empresario general de los numerosos y variados problemas pendientes, presentes y futuros, cedería su lugar a organizaciones especiales, limitadas a objetos particulares. Dejaría de ser una amalgama de grupos e individuos reunidos por un acuerdo ficticio y constituiría una asociación cuya homogeneidad estaría asegurada por su único objetivo. El partido que mantenía a sus miembros como en un tornillo de banco una vez que ingresaban, hará sitio a agrupaciones que se formarían y reformarían libremente según cambiaran los problemas de la vida y los juegos de opiniones que esos problemas suscitaran. Los ciudadanos que discreparan en una cuestión irían de la mano en otra. (2008, 68).

La propuesta de Ostrogorski se adelantó cien años a las agrupaciones líquidas, por utilizar la terminología de Zygmunt Bauman, que se forman en internet. Se sabe que hoy en día este tipo de grupos existen y buscan sus fines a través de una amalgama de personalidades jurídicas propias (fundaciones, asociaciones, organizaciones no gubernamentales) o de personas físicas o grupos sin más formalidad. En internet, la agrupación efímera de personas es una realidad todos los días constituyendo el fenómeno de creación por las masas estudiado por Raymond (1999, 27–78), Wallace (2001, 81–146), Rheingold (2004, 57–88), Benkler (2015, 97-130) y Bauman (2010, 173–174).

Ya se tuvo oportunidad de analizar los sujetos de este tipo de acciones (De la Cueva, 2012a), señalando que se trata de colectivos en los que no son necesarias ni credenciales para formar parte de los mismos ni excusa para abandonar la pertenencia. Ahora bien, no puede excluirse del ámbito de estas acciones a las iniciativas individuales. La característica tecnológica de la difusión de la información mediante su clonación en otro equipo conectado en red permite que las acciones impulsadas por una persona puedan llegar a ser equivalentes a las acciones en las que un colectivo es su agente principal, siendo este valor el conocido como the power of one en círculos hackers. La libre replicación14 es una característica buscada por las iniciativas, propugnándose la eliminación de las trabas jurídicas y tecnológicas que las dificultan, para lo que se utilizan licencias libres para eliminar los obstáculos jurídicos, y formatos que permitan la interoperabilidad (Nadal y De la Cueva, 2012) e interfaces de programación de aplicaciones abiertas (API)15 (De la Cueva, 2008), siendo indiferente que la fuente de la información sea individual o colectiva.

La existencia de acciones micropolíticas que surgen para resolver lo que un sistema político institucionalizado no resuelve por sí mismo pudiera utilizarse como métrica de la calidad de una democracia y de la sociedad que la sustenta. Si una persona o un colectivo promueve una acción micropolítica es debido a que entienden que existe un problema que afecta a unos ciudadanos en el ámbito de un entorno político. Se trataría de un problema no resuelto por parte de un gobierno o de una administración, pudiendo plantearse la hipótesis de que cuanto un gobierno fuese más arbitrario o más ignorase la realidad, existiría una mayor conflictividad social frente a la que los componentes de una sociedad arbitrarían diferentes soluciones con la tecnología a su alcance.

La naturaleza de los problemas que las acciones micropolíticas intentan resolver (vivienda, alimentación, trabajo, corrupción institucional…) puede dar una radiografía muy interesante de un sistema político. Bajo cada acción micropolítica subyace un conflicto. Un análisis pormenorizado de qué acciones se instituyen por los ciudadanos dependiendo de cada gobierno o administración podría suponer una gran herramienta para la construcción de sistemas políticos más justos.

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